Un día de suerte

Son las 4:00 pm y el reloj marca mi hora de salida, ha sido un turno largo y mentalmente desgastante. «Pablo» y sus hermanos vinieron en la mañana a la tienda pero se fueron dos horas después, algo raro puesto que cumplen con un estricto horario laboral, casi parece su oficina de trabajo.

Tuvieron una discusión con otras personas aparentemente por una mujer y decidieron irse. Las peleas y enfrentamientos en esta área son pan de cada día, así que lo vimos como algo normal.

Durante el resto del día estuvieron dos chicos vestidos de azul que van esporádicamente a la tienda y se encargan de cubrir «el turno», sin embargo el ambiente estuvo tenso.

Recibo un mensaje de mi novio diciendo que se tarda unos minutos en recogerme porque debe esperar a un compañero, le digo que está bien y sigo atendiendo la gente, igual no será por mucho tiempo.

Una mujer me mira desde la entrada de la tienda justo donde se encuentra la ventana de la lotería, me acerco a ella y empiezo a jugar los números que me ha entregado en un papel, no son muchos así que no me toma más de 5 minutos hacerlo, le entregó sus tickets y le deseo suerte.

La mujer no sale de la tienda sino que entra a comprar algunas cosas, al mismo tiempo uno de los chicos de azul sale por la puerta principal y mientras miro como se cierra escuchó de fondo una serie de disparos que vienen en esta dirección.

El chico entra rápidamente y el instinto de supervivencia nos hace bloquear las puertas para mantenernos a salvo, pero él sostiene la puerta abierta mientras se agacha a recoger un celular que se caído de su bolsillo.

Las personas gritan desesperadas en busca de sus hijos y llaman a todos para que se escondan en la sección más alejada de la entrada.

Les pido que se agachen puesto que otra ráfaga de disparos se escucha nuevamente. Todos estamos cubiertos bajo las registradoras, pero quienes están afuera buscan la manera de esconderse sin importar cómo.

Una mujer salta sobre una montaña de sodas para llegar al otro lado, el instinto la hace buscar una forma de mantenerse a salvo. «La policía ya viene en camino» grita otra mujer…

El chico de azul sigue sosteniendo la puerta y escondiendo su arma, se asegura que no vengan más carros.

¡No hay nadie alrededor!

Unos segundos de silencio y calma hasta que todas las personas son conscientes que el peligro ha pasado. Algunos se dirigen a las cajas a pagar lo que sea que hayan comprado y otros simplemente piden que se desbloqueen las entradas para llegar a sus casas.

No puedo explicar el paso del tiempo en ese momento, se siente que va lento pero cuando miro mi celular veo un texto de mi novio, me dice que ha llegado por mí. Unos minutos de diferencia y la historia pudo haber sido diferente, pero no lo es, ha sido un día de suerte.

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