¿Trabajar en los Estados Unidos?

Ese pensamiento que llega de manera casi instantánea cuando se sueña en tener calidad de vida. No importa la carrera, la nacionalidad, el idioma o la raza, este es un campo de juego donde las ganas de salir adelante son las únicas protagonistas. Conseguir un trabajo, o dos y comenzar a edificar un proyecto con más oportunidades es sin duda un ideal colectivo.


Pepe (mi jefe) salió de Etiopía a sus 19 años con destino a la gran manzana en New York, con la certeza de que los Estados Unidos le permitirían convertir sus ojalá en una realidad palpable.

Proveniente de una familia con pocos recursos en África oriental, obligado a caminar 2 horas diarias para llegar a la escuela y así convertirse en un hombre diferente para la sociedad, se tornaron en horas de reflexión y días de planeación para crear una estrategia a futuro en norteamérica, lejos de la crisis política y económica, pero a su vez separado de sus padres y sus 4 hermanos.

Empezar de cero

Algunas llamadas, 15.000 dólares y muchos contactos le permitieron conseguir un pasaporte y un boleto de avión con destino al continente Europeo. Salir de su país era el primer obstáculo que afrontar, puesto que esta nación se encontraba en guerra y no permitía a sus ciudadanos abandonar la región.

Meses de trabajo adicionales en España para recoger dinero le permitieron adquirir un nuevo tiquete de avión con destino al aeropuerto JFK y un traje de sastre con zapatos de charol brillantes.

Su vuelo aterriza el 21 de agosto de 1995 a las 10:00 de la mañana y se dirige a migración, sabe que será retenido inmediatamente porque sus papeles no se encuentran en regla, pero ha solicitado asilo. Es dirigido a un cuarto de migración junto a un chino y un filipino quienes desembarcan del mismo vuelo.

Tienen tiempo para conversar, el filipino admite haber falsificado su visa y espera su deportación, se encuentra desesperado porque pagó con todos sus ahorros a la persona que le diseñó los documentos, 2 de sus amigos lograron ingresar de la misma forma, a él no lo acompañó la suerte.

El chino, falsificó su pasaporte europeo pero después de dos horas fue admitido en el país, una cuestión que se arregla con dinero comenta.

Después de 10 horas, Pepe se despide del Filipino mientras es esposado de las manos y encadenado de los pies. Es trasladado desde el aeropuerto a un centro de detención, donde algunas personas al ver su vestimenta se percatan de su presencia, le preguntan si está bien y él con una sonrisa asienta.

Se baja del bus y cambia su ropa, los próximos 90 días los pasa en una celda y uniforme naranja. No está en la cárcel pero se encuentra preso de su libertad a la espera de un juez que decida si puede continuar con su solicitud de asilo, basada en la situación que afrontaba Etiopía y Eritrea, dos naciones vecinas en guerra que despojaron familias y territorios por defender «su raza».

Permanecer allí sin hacer nada no era una opción, por lo que comenzó a trabajar para el centro con un pago de 1 dólar diario, que no representaba económicamente un cambio pero si la oportunidad de estar fuera empleando su tiempo.

Tres meses después y con poco dinero fue aceptada su solicitud. Salió al metro de Queens y miró por primera vez como su primer sueño se cumplia, sin saber que sus bolsillos vacíos luego estarían llenos de recompensas.

Encontró empleo en un hotel en el área, su inglés era muy bueno y las ganas de trabajar imparables, hacía turnos hasta de 24 horas con tal de tener suficiente dinero para enviar a sus padres y lo necesario para vivir y ahorrar.

Con el paso de los meses y un altercado en el hotel, renunció por el maltrato recibido por parte del administrador y se aventuró a vivir en un nuevo estado y comprar un taxi.

Washington D.C

Sin pensarlo, cada milla construía un proyecto más sólido, ese taxi le otorgó una casa y la posibilidad de adquirir su primera tienda en la capital americana, al mismo tiempo que edificaba su familia.

Trajo a cada uno de sus hermanos, a su madre y a su esposa desde África, con ellos en casa, el sueño debía seguir. Era tiempo de abrir dos tiendas más en el área y encontrar nuevos empleados. (No cualquiera, los hispanos son de su preferencia, trabajan fuerte y son honestos.)

Así mismo es un buen jefe, cada una de las personas que trabajan para él saben que es un hombre incondicional y en especial un gran amigo. Entiende lo difícil que es la vida y lo necesario que es el apoyo y la compañía en un país que no es el suyo.

Sus tiendas tienen un modelo de negocio que está basado en la apertura de supermercados en lugares de conveniencia en barrios de bajos recursos y poco acceso, donde la cercanía es el valor agregado en el vecindario.


Así el destino nos llevó hacia Pepe, o bueno, él se encargó que el destino fuera ese. Nos ofreció empleo y su amistad, poco a poco pasó de ser el jefe para convertirse en familia.

Pero eso lo irán leyendo más adelante.

Respuestas

  1. Avatar de Pame

    Lau! Te admiró mucho, somos muy valientes al perseguir nuestros ojalaaaa, pero más valiente tú de transmitirnos todo esto en textos que te hacen imaginar la realidad.

  2. Avatar de Jhonier

    Gracias por escribir estas historias, se siente muy real.

  3. Avatar de Georgina

    Ojalá! En mi trabajo siempre crezca como persona y en el crezca! Con mejor puesto para que mis hijas logren todos sus sueño!! Y que yo sea mejor persona todos los días

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