Temerario

2014 Quiché, Guatemala.

Axel hace parte de los 1.3 millones de guatemaltecos que migraron irregularmente a los Estados Unidos en busca de una nueva vida.
A sus 17 años dejó el grado 12 en su escuela y decidió hablar con sus padres acerca de su proyecto a futuro, uno muy lejos de casa.

La respuesta fue clara, para irse del pueblo debía trabajar y reunir el dinero para pagar al coyote, un «conocido» de su padre que ofrecía una tarifa por persona de 8.000 dólares. Una cantidad demasiado alta para el riesgo del viaje, razón por la cual Axel desistió de la idea.

Esto se sumaba a la desconfianza de sus padres, quienes sentían que su hijo no estaba preparado para irse a otro país, o tal vez, no estaban listos para dejarlo ir. Sin embargo, después de mucho pensarlo decidieron hipotecar su casa y darle la oportunidad a su hijo de cruzar la frontera. Se ha concertado con el coyote el pago y la fecha de salida.

El día ha llegado

Marzo 19,2014.

Despedirse de su madre no fue fácil, era la primera vez que se iba de su casa. Empacó una pequeña maleta con algo de ropa y 250 dólares (2.500 quetzales). Este viaje no incluía sellos de pasaporte, pero sí una cantidad de recuerdos para el resto de su vida.

El recorrido en carro inició en compañía de su padre hasta Huehuetenango, una ciudad a dos horas de su pueblo natal. El viaje transcurrió con calma pero con una sensación de ansiedad e inevitable nostalgia al encontrar un aviso en el camino que anunciaba la llegada. Un último abrazo a su viejo y es momento de separarse para seguir la ruta en diferentes direcciones.

Axel se hospeda en un hotel por algunas horas hasta que la tarde pasa y la oscuridad se acerca. El reloj marca las 5:00 pm y el coyote toca a la puerta. Inician una caminata de más de tres horas a monte abierto para encontrarse con otro coyote que se encarga de transportar al grupo en motos hasta llegar a la frontera con México.

¡Hay un retén! se escucha entre ellos, la policía de Guatemala detiene a los 15 viajeros y seleccionan a Axel para interrogarlo, además de solicitar su pasaporte. «No tengo» responde con franqueza, les cuenta su historia y no evita ninguna de sus preguntas, por fortuna lo dejan ir.

Para nadie es un secreto que la policía está al tanto de los movimientos de los coyotes en el área, aunque actúan como si no lo supieran para mantener estabilidad en la ciudad, un comentario recurrente entre los líderes y el grupo.

«Un coyote es considerado bueno cuando logra movilizar a personas en el menor tiempo posible y con éxito a su destino, como resultado de la cantidad y calidad de contactos en cada país».

La primera parada es superada al llegar a México, donde varios coyotes se encargan de «entregar» a las personas en diferentes casas para evitar levantar sospechas. Cada uno de los grupos es representado por un nombre y liderado por un coyote. TEMERARIO ha sido el alias designado para estos 15 viajeros.

Esta palabra que proviene del latín temerarius – temerarium, significa al azar/ casualmente, pero es un término popularmente adjudicado a personas que actúan sin pensar.

La travesía continúa en bus con otros pasajeros, pero este es detenido nuevamente por la policía federal, esta vez se encargan de encarcelar a 34 de los 35 pasajeros que están ilegalmente en su territorio. Axel, el temerario número 35 que permanece sentado en el bus parece sorprendido, debe ser su día de suerte porque continúa a bordo.

Las horas pasan y un nuevo retén localiza el bus, esta vez con una intención diferente, cobrar un cargo de 1,000 pesos mexicanos a cada pasajero ¡Mucho dinero! así que intenta negociar el pago y lo logra cuando el monto se acuerda en 300 pesos, tiene claro que alguien ha vendido la ruta y cada movimiento acordado con el coyote.

El territorio mexicano está lleno de pandillas que se hacen pasar por militares para extorsionar a migrantes, los zetas son uno de los carteles más sanguinarios debido a su poder y frialdad, por ende el más tenido por los viajeros.

La siguiente parada es en el hotel, finalmente es tiempo de dormir hasta la madrugada. Pasan las horas y llaman a la puerta, ¡Llegó el coyote! piensa Axel, sale rápidamente pero se encuentra con la policía, una nueva extorsión de 600 pesos para pagar por su libertad debe ser saldada.

Pero no fue la última, la siguiente fue una requisa para tomar pertenencias y dinero, entre ellas los únicos 500 pesos que se encontraban en el bolsillo de Axel. Su esperanza se desvanece pero sabe que están cerca de la caseta de migración, allí serán repartidos en bodegas a la espera de una luz verde que determine su turno de cruzar.

30 días en el infierno

Se abren las puertas de una bodega repleta de personas acumuladas en cada rincón del lugar. Es difícil encontrar un espacio para ubicarse, son más o menos 400 personas sentadas o acostadas en el piso, su mirada localiza un espacio y se dispone a dormir, está agotado física y mentalmente.

Es de madrugada y escucha a todas las personas empacar ¿qué pasa? pregunta, el chico del lado le explica que cada viernes vienen a buscar al grupo que saldrá a probar suerte, empaca sus cosas mientras ve como 15 afortunados salen del lugar.

¿Cuánto tiempo estarán encerrados si hay 400 personas en el lugar? 15 viajeros cada viernes significa más de un año con grupos entrando y saliendo, el miedo aumenta, consigue un celular prestado y llama a su papá, pero no hay respuesta.

Una semana más y ya ha aprendido el funcionamiento del lugar, despertar a las 4:00 am para hacer fila en las duchas a las 5:00 am, dormir, pensar, almorzar frijoles con tortilla a la 1:00 pm y esperar hasta las 6:00 pm a la comida. Esto se repite una y otra vez por varios días con un agotamiento psicológico casi devastador.

Llega un nuevo grupo a la bodega, los temerarios que habían sido deportados son reunidos nuevamente, el mismo grupo de Axel volvió 15 días después de realizar el recorrido desde cero, todos están sorprendidos, es increíble que siga ahí, sin embargo hay salvadoreños que llevan 6 o más meses a la espera de que su familia termine de conseguir el dinero para enviarle al coyote y pagar la libertad de su ser amado.

Axel logra contactar a su padre, no entiende porqué sigue encerrado si el dinero ha sido entregado, se llena de paciencia y fe para encontrar un poco de calma. Este también será un viernes triste puesto que un grupo de mexicanos entró el jueves y tienen prioridad sobre el resto.

Como cada viernes todos están listos, sus pocos pertenencias se encuentran empacadas mientras escuchan al coyote gritar: T E M E R A R I O S

Axel siente una sensación entre la garganta y el pecho, es un 19 de abril diferente, por fin verá la luz después de un mes de encierro. Toma su maletín y sigue al resto mientras abordan una van que los deja en otra casa a la espera de que la policía de la zona se vaya.

Comen un poco de arroz y pollo pero son interrumpidos por el coyote que grita ¡Alistense! Se aproximan lanchas para cruzar Rio Bravo, pasan de a 7 en cada una y cuando tocan tierra firme se disponen a caminar 20 minutos hasta subirse a una van familiar que los ayudará a rodear el desierto.

TODOS deben subirse en el mismo carro, sin importar cómo, el aire parece no ser suficiente y sólo se escuchan gritos, el conductor debe detenerse para no arriesgar sus vidas. Una vez el carro se detiene y las puertas se abren, 25 personas caen al suelo, sus piernas no responden.

El conductor los recogerá cuando sea oportuno. Un abandono de 24 horas en el desierto, con un clima severo y miedo de ser detectados por el helicóptero que sobrevuela la zona no es un buen indicio, pero contra todo pronóstico el coyote vuelve.

«Los coyotes nunca están en el mismo grupo o a la misma distancia que los viajeros para no ser detectados, se comunican por radio. Todo es calculado»

Cada noche a merced del frío de abril y los vientos en campos de arena deterioran al grupo, es momento de desempacar la reserva de comida, que fue encargada a cada uno para este momento, Axel llevaba el atún y otros tortillas o agua.

Son las 5:00 pm, la ruta es de 9 horas y ya no pueden más, el cansancio y el sueño vence al grupo, caen profundos en las inmensidades de la naturaleza, sin esperarse que al despertar estén rodeados de perros y policías.

Axel ve todo desde la distancia, se había separado un poco del grupo y ve cómo la gente en su desesperación empieza a correr sin entender la naturaleza de los caninos. Una decisión rápida lo impulsa a entregarse, su instinto le dice que es lo correcto y él camina hacia ellos.

Los oficiales de migración los esposan y sacan del desierto para ser interrogados, les quitan los cordones y cambian la ropa, los llevan de camino a las hieleras en Houston.

Dos días después de permanecer en este lugar, los oficiales del ICE le dan la opción de firmar su deportación, pero él se niega y resalta:

SOY MENOR DE EDAD.

Ahora será procesado bajo otras condiciones, su deportación debe ser cancelada y enviado a un nuevo centro de paso hasta decidir su futuro llegó a territorio americano.

¡Lo ha logrado!

Respuestas

  1. Avatar de Julio Abrego

    Muchas gracias por está historia que casi nadie cuenta que son cosas reales de la vida que pasan mis paisanos me hace recordar muchas cosas que también pase hace ya mucho tiempo y que me hacen hacer mejor persona.

  2. Avatar de Lorena

    Quiero saber más!! Sigue en proceso de asilo?

  3. Avatar de Alba

    Yo soy de Quiché, Guatemala. Ojalá ninguno de nuestros paisanos tuviera que dejar su país solo porque aquí no hay oportunidades. Que valientes. Gracias por compartir

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