Los días pasan y el comentario que más escucho es «no te preocupes, esto es NORMAL» pero la verdad me rehuso a normalizar lo que veo en este entorno, y espero no lo tomen a mal, pero me niego a convertirme en la mamá alcohólica que maltrata a sus hijos, en el hombre que le pega a su esposa, en la niña de 14 años que cayó en una adicción profunda y dejó la escuela para vender su cuerpo, en el chico que hace bullying en el colegio o en el expendedor de droga del barrio. Simplemente NO me lo permito.
¿Por qué normalizar algo tan negativo teniendo la posibilidad de cambiar la perspectiva? Ya sé que cambiarlo es imposible, pero debe haber algo que me quiera enseñar la vida.
Conocer una nueva realidad es sin duda el primer paso en este proceso de terapia, pues las condiciones de vida de cada persona son totalmente diferentes. Para mi fortuna, nací en una familia tradicional colombiana de economía media, con un padre trabajador y cálido y una madre amorosa siempre presente, además de dos hermanos respetuosos y protectores.
Crecimos con la plena conciencia del trabajo duro y los méritos provenientes de grandes esfuerzos, entendiendo el valor de las cosas y las personas. Además del increíble impacto del diálogo y la gratitud como reconocimiento del otro.
¿Qué nos hace diferente?
Nuestra crianza.
La diferencia en este lugar no es únicamente la cultura o el lenguaje. Si miro a mi alrededor solo encuentro ojos llenos de profunda tristeza y vacíos en el alma, humanos tratando de escapar de sus propias vidas e hijos de padres ausentes criando nuevas generaciones.
Aquí las mujeres y los hombres van por la vida cargando una maleta repleta de temores, con memorias atascadas en sus experiencias que desencadenan una disfuncionalidad personal, social y familiar.
Niños, hermanos, padres, madres, hermanos, abuelos e hijos transitando a diario por esta tienda con heridas emocionales provenientes del rechazo, el abandono y las injusticias de una vida solitaria y dolorosa.
El cambio desde el respeto
Decidí no normalizar lo que pasa en este entorno sino aportar al cambio desde el respeto y el ejemplo. Dar de lo que la gente carece desde las pequeñas bases que se enseñan en casa y lo que me caracteriza como persona, la calidez.
Respetar al otro y demostrarle su importancia al escucharlo, hacerlo sentir valioso y relevante para la comunidad. ¡Y de verdad que lo son! Cada una de las personas que se detienen a contarme su día a día, que necesitan desahogar sus tristezas o simplemente compartir sus alegrías aportan a mi crecimiento como ciudadana del mundo.
A su vez, plantean escenarios en los que nunca he estado situada y me permiten hacer una introspección sobre los posibles caminos o soluciones que tomar en momentos específicos.
¿Enseñanza?
La crianza influye.
Es momento de crear vínculos desde el diálogo y relaciones respetuosas para conectar.
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