Son las 4:00 am y Yari está listo para salir de su casa, tiene 20 años y ha imaginado cada segundo de su vida con este momento. Es tiempo de dejar su país, olvidar la guerra y la dictadura que ha cohibido por años sus sueños y los de su familia.
Tiene claro que para dejar el continente africano lo primero que debe hacer es huir de Eritrea sin que el gobierno se entere y así cruzar a Sudán, donde podrá conseguir un pasaporte falso que le permita estar ciertos días o meses hasta que reúna el dinero suficiente para continuar su aventura hacia América.
Su familia no sabe que está sucediendo, si lo supieran y el gobierno se entera los acusaría por ayudarlo a escapar. Así que esa noche se despide como usualmente lo hace, empaca en su maleta un pantalón y una camiseta, algunos «Nakfa» (divisa oficial de su país) y se dispone a dormir.
Yari se dirige a un paradero de buses, le esperan 24 horas de camino con la sensación inevitable de ser atrapado por el ejército, sin embargo Dios está de su lado y logra atravesar la frontera con éxito.
Los días se tornan meses en este territorio, conseguir el dinero para el viaje y el pasaporte no ha sido fácil, pero ha encontrado un contacto en Libia que podría ayudarle, el riesgo es alto pero el precio lo vale. Sin embargo es invierno y debe esperar que la temporada sea un poco más caliente, intentar algo en este momento significa la muerte.
Plan VE
El precio por un pasaporte es exagerado, huir de Eritrea se ha convertido en un jugoso negocio para la mafia que hay detrás de la falsificación y venta de documentos, por lo que Yari toma su maleta con destino a Libia después de 5 meses de espera. El precio acordado es de 2.000 dólares para cruzar el territorio, unos 2,019 kilómetros en carro y una que otra caminata.
El hombre con quién se ha contactado le ha prometido un cupo en un barco que zarpa a Europa, su destino: Italia.
Libia es zona roja, y está altamente custodiado, por lo que Yari es hallado por un grupo militar y llevado a la cárcel. Aquí son tratados bajo indignas condiciones, los reos son golpeados y sólo les proporcionan agua salada y en una que otra ocasión les dan pasta, arroz o pan.
Son más de 600 personas enjauladas. El cuerpo de Yari empieza a debilitarse, su espalda y rodillas le están jugando un mal rato, ha tratado de escapar dos veces pero siempre lo encuentran y el castigo es aún peor.
Su mente le pide que no se rinda e intenta escapar por tercera vez, espera que se haga de madrugada y consigue que varios presos lo acompañen, buscar a diez es mucho más tedioso que a uno.
Esta vez su plan funciona, sale caminando victorioso del lugar donde le robaron su libertad por tres meses y no duda en llamar a un hombre que acuerda recogerlo por 500 dólares y dejarlo cerca al puerto.
El riesgo es altísimo, pero la recompensa está en la libertad. Ya ha pasado casi un año desde que dejó su casa y los días siguen contando, así que asume esto con temor pero una determinación absoluta. Confiando en la palabra del hombre que podría ser perfectamente un estafador.
Libia se encuentra en conflicto armado desde la caída de Muammar Gadaffi y eso ha generado un contexto hostil, donde los enfrentamientos y el tráfico de personas ha crecido exponencialmente, allí migrantes desesperados toman el viaje más riesgoso de sus vidas para navegar el mediterráneo y empezar de nuevo en el continente europeo.
El hombre cumple y aquí está parado ante el puerto esperando por su destino. Yari se ha intimidado un poco por las últimas noticias, cientos de cuerpos han sido hallados sin vida en medio del mar, este tiquete tiene de cláusula cruzar o morir.

«Ciao bambinos«
Dos mil dólares más es el trato final antes de abordar la chalupa que lleva a más de 500 pasajeros en condiciones inclementes pero con las fuerzas intactas para sobrevivir 5 o 6 días de viaje.
Se encuentran a mar abierto y el oleaje es fuerte, pero después de 10 horas de sentirse ahogados por las enormes olas el capitán avisa a la tripulación que hay compañía, un barco de gran tamaño se aproxima. Así que les pide a todos que se alisten para el traslado, deben ser rápidos y silenciosos, este es momento más importante.
El corazón palpita con más intensidad, hombres, mujeres y niños se encuentran hambrientos y desesperados, además tratan de sobrellevar las enfermedades que han ido apareciendo por el desgaste físico y psicológico.
¡Lo logran! La marea hizo tregua con los migrantes, sienten un poco más de calma porque el agua ya no los ataca y caen en un estado de sueño profundo debido al cansancio que los sobrepasa.
Escuchan voces y susurros llenos de alegría, después de 6 días por fin ven tierra, el barco arriba con éxito.
Guten Tag, Yari
Yari sale sin ser visto, se queda una semana en Italia hasta conseguir un pasaje que lo lleve a su primer destino, Alemania. Su hermano se encuentra en este país así que trata de persuadirlo para que haga una vida allí en vez de ir a los Estados Unidos.
Su cuerpo también se lo pide, al punto que debe hospitalizarse un mes para recuperarse, por lo que debe someterse a exhaustivos chequeos médicos debido a su deterioro. Los doctores le sugieren calma.
Yari lo intenta, pero después de 7 años y una vida casi construida en tierras alemanas siente que todos sus esfuerzos no son suficientes, él no pertenece a ese lugar, así que toma una nueva maleta y se dirige a España donde tomará un tren hacia Portugal para encontrarse con dos amigos que se unirán a su aventura.
Tierras suramericanas
Su vuelo con destino a Brasil no es tan fácil, requieren un tipo de visa para estar allí y no la tienen, por lo que las autoridades los retienen durante dos semanas en migración hasta resolver su situación. No son ninguna amenaza, les conceden un permiso y salen tan rápido como pueden, han desarrollado pánico y ansiedad al encierro.
Las horas se pasan lento, el dolor del cuerpo se esparce rápidamente. Llevan tanto tiempo en el bus que cuando se bajan no se pueden sostener. No importa, cada vez están más cerca de su objetivo. Se quedan dos días en las calles peruanas mientras logran contactar a alguien que los lleve hasta Ecuador y de allí a Colombia.
El tapón del Darién
Se ha convertido en un corredor para migrantes que buscan atravesar 575.000 hectáreas de selva entre Colombia y Panamá, que se convierten en 277 kilómetros caminando, es decir, 10 días si están de suerte.
Últimamente se ha hecho mucho más famosa por la cantidad de personas cruzando y exponiendo las rutas, motivo por el cual las autoridades colombianas y personas del común han buscado sacar provecho de esta.

Yari tenía todo su dinero escondido en diferentes partes de su cuerpo y antes de cruzar a Ecuador destruyó su pasaporte, no podía tener evidencia desde que país emigraba.
Sus amigos y él encuentran un retén en la vía ¡Una requisa por favor! La policía colombiana se alerta porque no hablan español, tienen claro el motivo de su «visita». Están muy lejos de África, comentan. Abusivamente les quitan pertenencias valiosas y retienen su dinero, más 200 dólares para darles vía libre y continuar hasta Necoclí, Antioquia.
Yari logra esconder un poco de dólares para pagar dos noches de hotel y descansar lo suficiente. También hace una remesa que distribuye en las maletas de sus amigos, serán unos días muy complicados hasta cruzar Panamá y ellos lo saben.
Ha llegado la hora y el acuerdo está en 60 dólares para pagar al guía que les dará las instrucciones, la selva es intensa y con innumerables peligros.
Se sienten positivos, están enfocados en llegar al otro lado, aceleran el paso y encuentran a varios temerarios compartiendo ruta, algunos se han desabastecido y ruegan por agua o pan para saciar el hambre. Otros pocos viene de vuelta, pero desconocen los motivos porque no pueden comunicarse.
Los kilómetros van reduciendo, y las señales de tránsito notifican que están en nuevo territorio, bienvenidos a centroamérica. La peor parte ha pasado, piensa Yari, nunca imaginó que su sacrificio lo traería hasta este lugar.
De manera milagrosa consigue ayuda de algunos habitantes para tomar a un barco con dirección a Costa Rica, uno de los países preferidos para este ciudadano del mundo.
El resto se da en transbordos de bus hacia Nicaragua y poco después a Honduras, donde la policía cobra y extorsiona a cada uno de los pasajeros, no tienen opción, es la cuota para pasar a Guatemala.
Con pocos dólares en el bolsillo necesita llegar a México sin contratiempos y atravesar el río bravo sin mayor dificultad, Yari está agotado, alcanza a ver la frontera que marcará el inicio de un sueño, no lo puede creer… es la entrada a Texas. ¡Migración ya llegué!
Se entrega a los oficiales y solicita inmediatamente asilo, el calendario marca 3,000 días desde que salió de casa, para formar en otro país un nuevo hogar.
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