Esta entrada está dedicada a mis padres Jorge y Maria, como un agradecimiento público a su dedicación y amor, un reconocimiento a todos los esfuerzos entregados a lo largo del tiempo, al apoyo incondicional y a la bendición de tenerlos en mi vida.
Quiero compartir con ustedes una parte de mi mundo, esa personal y privada que atesoro en lo más profundo de mi corazón ¡ELLOS!
Mi aventura ya muchos la conocen, los aprendizajes a lo largo de este camino han sido piedras preciosas cargadas de enseñanzas, pero más que esto, han sido rafagas de recuerdos y experiencias que me reafirman lo afortunada que soy.
Hace un tiempo me despedí de los seres humanos más preciados, mis hermanos, mis primos, mis tíos, mis abuelas, mis amigos y mis padres. Llegué a un país donde creí que lo tenían todo y descubrí la lección más importante ¡Tener una familia es un lujo! Lastimosamente son pocos los que cuentan con unos padres presentes y una crianza basada en el respeto y la educación.
A medida que crecemos y buscamos nuestra independencia, nos dejamos llevar por el flujo rápido de la vida y olvidamos detalles que sabiamente el destino se encarga de recordarnos.
En los últimos años he escrito las memorias de familiares en un momento en el que ellos no han estado presentes para escucharlas, me rehuso a sentir arrepentimiento por esas palabras no dichas a seres adorados que se encuentran a mi alrededor, a quienes puedo disfrutar de su voz, de su llanto y de sus risas.
Así que si hoy tienen algo pendiente o sin conversar, no lo pospongan, recuerden lo valioso que puede ser para ese alguien escucharlo, sin importar que tan relevante sea, siempre es bueno sembrar en otros semillas de amor.
Y es que en lo cotidiano y lo simple mis padres me han enseñado a disfrutar de la vida. Me educaron para saludar y dar las gracias, no sólo por cortesía, sino como una forma de demostrar respeto y empatía por el otro.
A mi padre le debo la calma que transmite su voz, la paciencia y su absoluta vocación de servicio. A él le debo más que la vida, y es el aprecio a ella…
Su resiliencia y capacidad de seguir adelante entendiendo los sucesos adversos como voluntad divina, lo han convertido en un hombre con sabios consejos además de uno muy devoto.
Recuerdo que solía recogerme a las 6:40 pm en el colegio para llevarme a casa en su taxi, ese con el que levantó desde cero un hogar y nos dió las oportunidades que ellos tal vez no tuvieron. Verlo con su sonrisa esperándome después de casi 12 horas de estar sentado en su carro para decirme cómo había estado mi día, sigue marcado en mi alma como una de mis memorias favoritas.
Eso, sin contar que algunas veces le pedían servicios aún conmigo en su taxi, esas carreras eran lideradas por padre e hija, donde él me guiaba a través de la ciudad y me explicaba que lugares frecuentar y cuáles evitar, mi papá en esos momentos me enseñaba el valor de trabajar.
A papá le agradezco su expresividad, la importancia otorgada a las palabras, el sentido de nuestras conversaciones y el tiempo dedicada a estas.
También por encontrar a mamá y empezar esta familia que me ha dado dos maravillosos hermanos y una innumerable lista de historias con ellos.
A mi madre le debo TODO, desde traerme al mundo hasta enseñarme a sonreír en él. Ella es un ser bondadoso que desborda luz, es la persona que me recuerda a diario que hay seres buenos y piadosos.
A mi madre le debo la alegría, la capacidad de llorar de la risa y sentir esa plenitud en las cosas pequeñas y pasajeras de la vida. Es la mujer que me ha enseñado con su ejemplo a vivir mis emociones y a seguir mis instintos hasta el final.
Su nivel de detalle y cuidado, su nobleza y dulzura hacen que su presencia haga de este mundo uno mejor. Estoy en deuda con sus oraciones, esas que elevaba cada noche mientras me quedaba dormida y acariciaba mis pies, creo firmemente que me mantienen protegida cada respiro de mi día.
Recuerdo nuestras caminatas por largas horas de un lado a otro disfrutando de nuestra compañía, llevándome de la mano siempre como su pequeño tesoro. Incluso ahora cuando necesito pensar y conectarme con lo esencial, salgo a la calle a recorrerla y a respirar aire puro.
Navidad no es lo mismo sin ella, sin buscar adornos y armar una chimenea gigante, ella le pone el toque de magia a todo, ella es el significado de felicidad.
Hoy no me imagino una vida si no estás a mi lado mamá.
Te agradezco por las noches de insomnio y por sentir el peligro cuando mi yo inocente no lo entendía. Gracias por enseñarme la importancia del silencio y el impacto que tiene en aquellos que saben interpretarlo. Gracias por permitirme ser y volar.
A mis padres hoy les agradezco infinitamente por sus esfuerzos, por sus años de dedicación y por su amor incondicional. A Jorge y a María que seguramente se encuentran leyendo esto quiero decirles que los amo y me siento muy orgullosa de lo que han construido juntos.
Los amo papás 🙂

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