Si señores, ¡Renuncié a un mal líder!
… Ufff, que sensación tan increíble. No me mal entiendan, no es la primera vez que me doy de baja en un trabajo, pero si la primera vez que lo hago porque antepongo mis principios y valores como ser humano frente a lo que pasa en mi ámbito laboral.
Lastimosamente, siempre he sentido que no he sabido diferenciar el hecho de soportar, aguantar y sostener, bueno, eso creía hasta el día de hoy. Cuando después de mucho aguantar y soportar, entendí que no era necesario sostener a tal nivel de sacrificio.
Rendirme no era un opción, por lo que me encontraba en una confrontación de pensamientos entre empujar mi vida al límite o sofocarme en una zona cómoda donde nada nuevo sucedía, o eso creía.
Yo, soy de las que piensa firmemente que el miedo es el peor límite para convertirse en lo que se quiere, así que prefiero empujarme a situaciones que me conviertan en una mejor versión de mí misma.
Hace unos años, cuando trabaja en una empresa (muy dulce, por si se lo preguntan) tuvimos una jornada dirigida por los psicólogos de recursos humanos de la compañía. ¡Unos TESOS! (que además eran mis amigos).
A ellos les debo un gran aprendizaje ese día y es encontrar el equilibrio entre resistir y sacrificar, además de lo importante que es tener personas que se preocupen y te apoyen, que te rescaten y te cuiden… A Jose y a Vane les agradezco por lo que hicieron aquella vez. (Cuatro años más tarde fue mi recordatorio para ponerlo en práctica).
Después de esa experiencia de campo que me hizo sentir absolutamente vulnerable entendí que TODOS somos muy diferentes, no sólo en habilidades sino también en humanidades.
«La Tiendita»
Para quienes han seguido este proyecto desde sus inicios, conocen los altos y bajos de este lugar, una montaña rusa de emociones que circula constantemente entre la admiración, el asombro, la confusión, el miedo y la nostalgia y alguna que otra emoción adicional que se sube al vagón entre el cambio de horas.
La razón de estar ahí era simple, la gente. Sentir que podía aportar a sus vidas a través de lo que inherentemente salía de mi corazón era el principal motivo para mantenerme.
Todo en la vida requiere esfuerzos y para mí involucrarme en esta comunidad fue uno de ellos, no por el contacto con la gente sino por las barreras físicas, culturales y lingüísticas que eran una variable en el área.
Después de dos años todo se tornó en entender el valor de la diferencia. A cambio, ellos cultivaron en mí una mujer nueva con otra perspectiva de vida, más agradecida y mucho más empática.
Y es que sobrevaloramos el hecho de escuchar una conversación y demostrar interés por el otro, cuando la mayoría de veces lo único que esa persona necesita es ATENCIÓN… Al final, es una de las muestras de respeto más sinceras y genuinas que conducen al cambio.
Cerrando un ciclo
Me despido de ese lugar con la satisfacción de haber cambiado esquemas, roto paradigmas y desvanecido estereotipos después de dar absolutamente TODO mi corazón para que ellos se sintieran queridos.
Sin duda alguna soy yo la que se lleva gran parte de su alma conmigo, ellos agregaron cientos de piezas a esta rompe cabezas que se construye a lo largo de la vida, ahora es mi turno para seguir encontrando y acomodando el resto de fichas, no para llenar vacíos sino para encontrar sentidos.
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